¿Quién no ha recorrido con cierta curiosidad y romanticismo anacrónico un museo de "huesos antiguos?
¿Quién no admira, "colocaditos" en cajitas de cristal, aquellos huesos sesamoideos del oído medio, sin pensar en su procedencia ni reparar en imaginarse como era el ser que los utilizó hace cientos de miles de años y con su muerto los depositó grácilmente para su ocultación y conservación?.
Todos en un momento determinado hemos curioseado en algún museo de paleontología y, al menos, hemos alabado y magnificado el trabajo del buscador y del "montador" de esas, casi siempre, firmes estructuras óseas.
Pero, ¿quién se ha cuestionado en alguna ocasión que persona y en que momento fue descubierto el primer fragmento óseo reconocido como "fósil". ¿Cuándo comienza la busqueda, reconocimiento y taxonomía de restos fósiles?. ¿Cuándo aparece, como tal, LA PALEONTOLOGÍA?
El primer personaje importante de esta historia se llamaba MARY ANN WOODHOUSE. Esta ociosa señora, casada con el Sr. Mantell -Guideon de nombre- decidió una primaveral mañana de 1822 acompañar a su marido (el Sr. Mantell) a que éste visitara a un paciente. !Claro que el Sr. Mantell era médico y debía cumplir con su juramento hipocrático!. Sin embargo, MARY ANN decidió que le convenía más respirar aire puro y, al tiempo, estirar las piernas por el bosque colindante con la población de Lewes (Suxxes. Inglaterra), lugar de residencia de los Sres. Mantell y también del Sr. enfermo.
!La curiosidad (sea masculina o femenina) es una virtud que nunca deberíamos perder! (bien lo sabía Nietzsche cuando escribió aquello de ser niño, para ser camello y acabar siendo león).
Bien pues. La Sra. Mantell descubrió, en una cantera cercana al domicilio del paciente visitado por su marido "algo" de color marrón, oscuro y brillante, con un extremo muy puntiagudo y una ancha base (-!Que rarito, no!- debió pensar).
Sin embargo, en vez de devolver aquella pieza a su lugar de procedencia, la observó y dedujo que aquello podría tratarse de un DIENTE FÓSIL, y muy distinto a las piezas que coleccionaba su marido (hay que incidir sobre el hecho de que Guideón Mantell era coleccionista de fósiles). La pieza la entregó a su marido quién puso nombre al extinguido animal bautizándolo con el nombre de "IGUANODON" (diente de iguana).
Tiempo después se comprobó que lo que inicialmente pareció a los Sres. Mantell un diente de cuadrúpedo (por su fiel parecido con un lagarto iguana de América Central), era definitivamente, y así lo señalaron estudios posteriores de otros investigadores, un diente de REPTIL GIGANTE (hasta entonces los huesos "gigantes" se atribuían a humanos "gigantes" en otras épocas).
Es, ineludible, se debe atribuir, en consecuencia, los inicios de la paleontología, y mas concretamente el nacimiento de la idea de los dinosaurios, a tan curiosa pareja. Y todo... por mirar al suelo donde están esas piedras tan viejas.
Bibliografía: "La verdadera historia de los dinosaurios".
Autor: Alan Charig. Editorial Salvat (1983)
© José Manuel Cuesta Boix