Discurrían finales de los años 70.
El Padre Signes nos había encomendado la redacción de la hagiografía de San José de Calasanz, Santo Patrón de los Escolapios y cuya festividad iba a celebrarse en breve.
Motivo de expectación despertó, al menos en mí, aquel trabajo por cuanto iba yo a pugnar por un preciado trofeo: "ROBINSON CRUSOE", libro que despertaba en mí romántica pasión y que, de obtenerlo como premio, no sólo aumentaría mi parca biblioteca sino que aumentaría mi orgullo personal hasta límites insospechados. Era casi evidente que el premio sería mío y, tal como me lo propuse, lo conseguí (espíritu baturro forjado desde lo más íntimo de mis genes).
No es únicamente una mera anécdota personal lo que acabo de contar, también es una experiencia cultural que me enseñó, con el paso de los años, de forma muy pedagógica a comprender de qué forma el idioma no es un producto artificial creado de forma caprichosa por el Sr. del sillón de la "C" o de la "K" sino que, al igual que la humanidad, el idioma prospera, evoluciona, se socializa y hasta toma el café de la mañana con nosotros, los usufructuarios del idioma.
A incidir vayamos, pues.
Una de las "palabrejas" que me fue presentada durante las largas charlas que mi querido Padre Signes "deslizó" con motivo de la celebración Calasancia fue "CARISMA" (si algún radical lo prefiere, escríbase con "K" pero, yo la prefiero con "C" a ser posible, por favor). Evidentemente para gente menuda (doce años de media) fue una nueva palabra que despertó a los somnolientos, cosquilleó la curiosidad de algunos y los más sinceros nos atrevimos a preguntar el significado de tan "cultisimo" lema. En consecuencia, como buen "magister", aquel buen pater explico: "Carisma es el don que Dios regala a una persona como puede ser el de hacer milagros o hablar lenguas extranjeras sin haberlas estudiado previamente". Así fijé yo esta enseñanza en mi memoria para la posteridad. AMEN.
Años después de acontecido lo narrado, el eminente D. Fernando Lázaro Carreter (Académico de la Real Academia de la Lengua Española y que velaba eficazmente por la letra "R") lanzó un dardo contra quienes usaban, de forma ignorante, dicho término. Esto sucedió en un artículo publicado en el diario "EL MUNDO" a principios de los años 80.
Este protector de nuestro idioma y celoso "can cerberus" de la letra "R", arremetió lanza en ristre contra aquello comunicadores profesionales del mass media del momento que pusieron de moda (fashion para nuestros contemporáneos) el término CARISMA aplicándolo a personas "dotadas de carácter atractivo para los demás" y un ejemplo podría ser el que sigue: "El Sr. González conseguirá ganar las elecciones por su gran carisma".
Respecto de lo anterior mi subconsciente se conmovió pero no reaccionó mi "yo" consciente ante el nuevo uso que se le daba a esta palabra que aprehendí (sí, con hache intercalada) con significado totalmente distinto.
En la actualidad he seguido escuchando la palabra carisma por doquier, ergo, tal insistencia provocó en mi tal inquietud que me avalancé sobre el primer diccionario enciclopédico que me encontré, lo abrí por la letra "c", busqué "carisma" y... Coño (discúlpenme y permítanme que me apropie este exabrupto tan apreciado por D. Camiló J. Cela), leo: CARISMA: 1 Don gratuito que dios concede a alguna persona en beneficio de la comunidad. 2. Por extensión se aplica a algunas personas, como políticos, religiosos, actores etc... que atraen vivamente a las multitudes. LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ACABÓ ACEPTANDO LA SEGUNDA ACEPCIÓN.
Conclusión: El idioma no es patrimonio individual, es un bien colectivo, es nuestro tesoro. Lo criamos, educamos y lo forjamos para nuestro entendimiento común. Es como aseguró Stalin, otro bien más de producción, que el Estado ha de promover y cultivar en la población porque sin el idioma las ideas no pueden transmitirse, ni la cultura y, por tanto, no se pueden desarrollar las ciencias ni la tecnología.
Ejemplo de propiedad es "carisma", que teniendo un significado originario, el uso ordinario y el paso del tiempo han propiciado otra acepción añadida quedando, así, limpia, fija y esplendorosa.
© José Manuel Cuesta Boix