LEAR

¡Hay desgraciado de mí!

que tres hijas tengo,

a dos las encumbré,

y a la tercera besos no le concedí.

 


 

Ahora que ciego estoy,

la vista he recobrado... y veo

bondad y dulzura y leo

en los labios que mordí.

 


 

¡Ay! Cordelia, hija mia

perdona a este infiel,

recupera mi poder

y calma mi fría agonía.

 


 

¡Oh! Regan y Goneril, malas yerbas del jardín

que la peste os haga pedir

la compasión que yo os dí

multiplicada por MIL.

 

Y como acaba nuestra estirpe,

ahogada por el infortunio,

que no es tragedia el futuro

sino la contradicción de vivir.

©José Manuel Cuesta