INTRODUCCIÓN


 

INTRO (La génesis de las cosas)

Si nos detenemos a pensar en las probabilidades de que disponemos para poder realizar actos inusuales o sorprendernos con eventos extraordinarios podríamos concluir, no sin ningún fundamento, que somos seres altamente rutinarios y que el transcurso de nuestra existencia es meramente mecánico.

La sucesión de sucesos naturales que acontecen (o se suceden) a lo largo de nuestras miserables vidas es espectacular e ilógicamente vertiginosa. Siempre están sucediendo sucesos, inadvertidos por el actor y que seguramente pasan durante un instante por nuestras vidas y que seguramente nunca más volverán a suceder.

Siempre que observo el cielo creo ver una inmutabildad que no puede ser productor de ningún "director" aventajado. Sin embargo, para otras muchas personas que en sí mismas son hartamente inocentes, porque creen todo lo que oyen (no lo que palpan), esta perpleja inmutabilidad es el producto de una semana de intensos y febriles trabajos, motivo por el que, el obrero pone su maltrecho cuerpo en descanso perpetuo y pasa a ser el director (o al menos así lo creen estos pobres estultos) de una mal llamada evolución secular.

La creencia en el director es común a toda naturaleza neuronalmente informe. Nadie le ha visto, nadie le ha tocado, nadie ha hablado con él pero muchos creen que confundió a los constructores de Babel para que no pudieran conocerle.

Siempre se repite el misma rutina (algoritmo como nominarían los matemáticos), tienes un descendiente, algo que es altamente constructivo porque tu ciencia se transmitirá genéticamente, y una horda de crédulos prójimos te machacan el cuerpo y el espíritu "recomendándote" que este desvalido actor hay que dotarlo de un papel en el circo, papel que estará otorgado por el director si previamente existe una conciliación mutua entre el desgraciado recién llegado y éste último.

Siempre parece que se escribe la misma película de arte y ensayo. Los actores, movidos por el guión, acometen empresas, desarrollan actividades, ven programas de televisión y cuantas actividades diversas que siempre resultan nocivas para la especie de los actores. Por supuesto, estos actores siempre creen que siguen ese guión inflexiblemente, pero la penosa y angustiosa realidad es que la anarquía siempre es la consejera de los actos porque éstos están motivados por la propia neceisdad de satisfacción que alimenta, a su vez, al super-ego.

Sin desviarnos de la finalidad principal, la de conseguir el papel para nuestro joven actor, quiero contarle a Ud. (o a Uds.) si son capaces de escucharme sin incomodarse ni escandalizarse, que no estoy para nada de acuerdo con la monotonía de las costumbres, sobre todo, y habrán adivinado por donde quiero discurrir: si son sociales o religiosas. Creo estar metido dentro del tonel y cuando salgo, siempre con cautela, gesticulo de forma grotesca: me miran mal, me insultan, me escupen, pero sin embargo quiero seguir siendo cada vez más grotesco aunque acabo escondiéndome en mi barril para luego, volver a salir.

Ya no se que hacer, me han herido, me sigo hiriendo con las astillas de mi mal construido tonel, pero sin embargo quiero vivir en él. No lo consigo, creo que he salido de nuevo y mi actitud grotesca, patética a los ojos de mis "próximos", se torna mimética. Soy el mono que viste camisa y corbata. !Qué lástima me doy!, creo que tendré que rogar al director para que a mi descendiente le proporcione un papel digno, un disfraz tras el cual pueda esconder su peluda piel y su hocico de mono. Pero no sé si actúo bien, tal vez convierta en vulnerable y corrompa un tanto más la inconmensurable sabiduría de la especie.

Todos los actos propios de nuestra especie están regidos, como les he contado, por las costumbres y los usos. Usos y costumbres que nadie entiende de su causa y que todos malinterpretan sus finalidades. No eructamos en público, porque es incorrecto (aunque reventemos), no gritamos en una conversación "porque perdemos la razón de lo que decimos", bla. Bla. Bla. Por eso a mí particularmente y lo digo dentro del tonel, me gusta disfrutar de un placentero regueldo en un restaurante y le digo "cabrón" a ese del Mercedes que no me ha cedido el paso, simplemente porque no le sale de los cojo... !Ya estamos!. Me callo.

El Director de los mil alias o cualquier forma disfrazadora que se nos ha ocurrido para el engatusador, tiene un libreto (guión) que es totalmente perfecto. Dicen que lo escribió hace muchos años, aunque yo no lo llego a entender porque, si descanso el séptimo día y hoy sigue descansando, ¿cómo lo pudo escribir en tan poco tiempo?. No entiendo...

Por otro lado siempre he creído que el guión lo han escrito aquellos que, creyendo ser poseedores de extrema virtud, han pretendido practicar la sodomía con el beneplácito plural, y así nos llevan y nos traen, no sólo desde hace dos mil años sino desde mucho antes. Si veo un relámpago, ¿a mí que me importa? ¿Por qué he de temerle?. Si no me cae encima no puede serme lesivo y cuando me caiga, !que importa! No me daré ni cuenta. Por otro lado el que me caiga o no, supongo que no debe ser cosa del Director, a él que más le da a quien le caiga si está descansando. Pero pienso, que este Director debe percibir un sustancioso y largo (en tiempo) subsidio por desempleo, por el contrario, ¿cómo subsistiría?.

Muchos dicen no conocer al Director porque, claro, ¿porqué en una pedriza no pueden chocar y estallar dos piedras que por azar se encuentren?. Esta razón es muy loable si no fuera porque estos sesudos congéneres llegan a permanecer totalmente sumisos a la voluntad creadora de los grandes gorilas. Chorradas vaya, siempre tenemos que creer en algo y yo siempre tengo que asomar mis narices por encima del borde del tonel.

En cualquier caso y desde cualquier ángulo de visión desde el que nos acomodemos (si queremos permanecer un momento como meros espectadores) observaremos que siempre existen pastores y ovejas y cada uno tenemos uno de estos dos papeles otorgados "in aeternum" aunque hiera la sensibilidad de aquel gran gigante (al menos de apariencia). Lo que sí puede suceder, y en ocasiones sucede de forma extraordinaria, es que una oveja consiga el digno rol de pastor y el pastor el digno lugar de la oveja.

La clasificación, por tanto, para mí es evidente siempre descubro al pastor y veo en derredor suyo a las ovejas.

Si Ud. quisiera que le relatara la multiplicidad de tipos de pastores yo no podría. Pastores existen de muchas y muy diversas formas aunque todas ellas son paradigmas, a ojos del rebaño, de la dignidad y extremo virtuosismo.

Con las ovejas sucede lo mismo, a excepción de que existe una rara raza de oveja que puede transmutar y convertirse en perro. Pese a ello los perros no dejan de ser ovejas y lo que les distingue de éstas es que siempre se encuentran al abrigo del pastor. En consecuencia, éste los cuida, los asea, los alimenta opulentamente y le proporciona cubierta en días de violenta tormenta. El fín, lo que se les deviene a los perros y que estos no llegan intuir, o no quieren intuir, siempre es el mismo: la vejez, la inutilidad para el pastor y por tanto, LA MUERTE, si antes no han sido devorados por los lobos (esto último también les puede acaecer a algunas ovejas).

Ni que decir tiene que cuando un pastor, perro, oveja o lobo deja de existir, siempre hay otro de ellos preparado, y que es de la misma calidad, para suceder en la misión primordial.

Es por lo anterior, que la existencia de cuatro clases de animales (contamos a los lobos, de los cuales hay mucho que contar, que he contado poco y que tal vez los descubra mas adelante), que podemos contradecir a aquel que hacía que seis personajes buscaran autor. Creo que murió pensando que eran seis, pero yo digo que son cuatro. Cuatro protagonistas y el resto son actores secundarios.

Sin nada más que contarle le ruego obvie lo que le he dicho, ignore tal vez mis palabras, no se reconozca en mi insignificante tratado de las bestias, crea en pastores y sea oveja.

Ud. a mí me da igual y creo que a Ud. le sucede lo mismo. Sea víctima de mil íncubos (o sucubos, depende de su sexo o tendencias carnales). Yo vuelvo a mi tonel y Ud. a la... Donde más le plazca porque Ud. es "totalmente libre". O así lo cree Ud.

Yo volveré a visitarle, le observaré y Ud. será objeto de mis befas y mayores desprecios, pero Ud. podrá escupirme y vilipendiarme. Después vaya allá donde Ud. sabe "que es su obligación de buena oveja", proporcione un gran y fuerte cayado de roble al pastor.