I.- MI LLEGADA

Hoy no se por qué motivo me siento en la obligación de asomar las narices fuera de mi tonel.

Por algún oscuro y desconocido mecanismo mi maltrecho cuerpo asoma eyectado por un enérgico resorte fruto, tal vez, de una curiosidad insana (para mi espíritu), y destapo prudentemente mi barrica...

Todo está en penumbra, ni tan siquiera consigo discernir qué esta rozando mi cuerpo y tampoco puedo palpar. Pienso (ergo no sum) dónde puedo haber llegado pero mi capacidad racionalizadora me indica que dispongo, al menos por el momento, de datos externos suficientes para poder intuirlo.

Sin embargo, me encuentro aprisionado, por cálido tejido vivo, al menos se mueve. Luces y sombras tintinean sobre una superficie rugosa que al parecer es un techo concavo. Allí donde estoy no hace ni frío ni calor, estoy a gusto, sólo me preocupa que mi capacidad para la comunicación oral es inexistente (y recuerdo que antes disponía de fértiles eyaculaciones verborreicas, con sentido o sin él, pero las tenía) y además, ando a cuatro patas. !Joder¡.

No sé cuanto tiempo a transcurrido desde mi aparición en aquel, para mí desconocido lugar, (huele mal y el ambiente se respira pesado. Existe mucha humedad). E inmerso estaba yo intentando intuir y descubrir aquel nuevo mundo que me rodeaba cuando oí un tremendo rechinar. Penetró luz exterior y pude ver...

Era un tipo gigantón, de apariencia muy robusta., tosco en sus movimientos pero cada uno de sus pasos era firme y por eso se producían fuertes vibraciones a cada paso que aquel daba. De rala cabellera, nariz insultantemente abultada, orejas grandes (parecían asas de puchero cada una de ellas) y, !horror¡, aquel ser era poseedor de un único ojo del cual hablaré (¿A quién me recuerda este tipo...?).

El atuendo del hercúleo ser era modesto (minimalista, según la nueva jerga de los ociosos críticos de la estética), pues sólo esta compuesta por una faldita muy corta sujeta por una tira muy ancha que en diagonal recorría el torso del ser, discurría por su espalda y sujetaba aquella faldita por detrás. Muy anti-ecologista porque todo ello estaba confeccionado en piel , sin curtir, propiedad de algún extinguido ser viviente. Calzaba rudimentarias sandalias a juego con el resto del atuendo.

Una vez el unicejo señor hubo penetrado totalmente en el cubil donde yo había aparecido, ofreció su poderoso dorso tenso. Cuando apareció aquella impresionante estructura humana (humana, al menos en lo que aprehendí por tal) se volvió a escuchar ese desagradable rechinar y de nuevo se proclamó la penumbra. A mi me dió la impresión que aquel lugar era sellado con una enorme piedra en forma de rueda. Si hasta entonces aquel silencio me pareció sepulcral, tras la presencia del recién llegado ni que decir tiene (de aquí deduzco que los murmullos que oía al principio no eran producto de mi mente y, en consecuencia, alguien singular o plural compartía mi momento).

Las vibraciones y reverberaciones que producía aquel ser a cada zancada que daba producían en mí una malsana curiosidad a la vez que temor ante lo que podría sobrevenir, y es que siempre tememos lo desconocido, cualidad común a la especie humana. Estas vibraciones y reverberaciones dejaron de percibirse y una luz anaranjada y temblorosa produjo una visión mas detallada de todo el entorno. Estaba yo, en una cueva, al parecer muy profunda pero era cálida y mis temores se disiparon en gran medida para dejar paso a una leve diversión al ver, nítidamente y en el techo de la oquedad, miles de sombras bailar al ritmo impuesto por el sinuoso, azaroso y caprichoso bailoteo de las llamas de una hoguera, que alimentada por el grandote iluminaba el ambiente.

Gracias a la hoguera pude ver, silenciosas e inmóviles, lo que en mi otra realidad (la ordinaria) eran unos animales a los que la arbitrariedad de un lenguaje impuesto por los antepasados y evolucionado por sus descendientes les denominó OVEJAS. Intenté comunicarme con ellas pero no pude y comprendí al instante, y porque baje la mirada para observar mi trascendental mutación, que yo también era como ellas y, en consecuencia, no podía articular palabra alguna ni emitir sonido de oveja porque todavía, y dada mi reciente metamorfosis, todavía no conocía el lenguaje de estos animalejos. He de decir que pese a mi nueva forma no sentía temor alguno por ello, porque siempre podría volver a mi barril si es que era capaz de encontrarlo entre aquella aglomeración viviente. No obstante, por un motivo o por otro la comunicación fue nula, al menos por el momento. Yo tampoco me esforcé.

Sí que recuerdo que era inmanente en mí una gran dosis de extrañamiento kafkiano inoculado por la sensación de entender poco a poco ciertos cuchicheos que mis nuevos congéneres producían, y tan familiarmente me resultaba aquella fonética hasta entonces desconocida por mí que acabé, en pocas horas por entender todo lo que entre ellos hablaban.

No debió transcurrir mas de una hora cuando el lerdo guardián de la cueva tumbóse sobre un lecho de paja preparado al uso y, tras dedicarse al oficio de pastores, cayó rendido resollando como cerdo (con perdón) sacrificado momento antes de abandonar este mundo. (Creo no tener que detallar cual es el oficio de pastores ni como el tipo cíclope lo practicó).

El sopor en que se sumergió el grandullón fue aprovechado para que, cada vez con más intensidad, el cuantioso rebaño comenzara a elevar la voz en incontenible y quejumbrosa tertulia.

-Veo que ha transcurrido un nuevo día y nosotras, las ovejas, seguimos atendiendo los caprichos de este cíclope que nos subyuga sin que hasta el momento ninguno de nosotros seamos capaces de alzarnos contra esta voluntad dominadora. Os recuerdo que hoy ha ordeñado a siete de nuestras mujeres, ha sacrificado a tres de nuestros cachorros y con las lanas de diez más de los nuestros y mejores compañeros se ha fabricado una almohada, eso sin contar que esta mañana, muy de madrugada se ha producido un deleznable suceso cuando, después de un opíparo y variado desayuno del que nosotros carecemos día tras día, nuestro tirano a penetrado sin decoro ni compasión a algunas de nuestras mas tiernas y mas bellas compañeras. ¿Hasta donde vamos a permitir tamaños abusos....?

Así oí como exaltaba a la masa un carnero pelón de grandes cuernos enrollados y de mirada seca pero muy profunda al que todos llamaban Ovis y que encaramado sobre una pila de troncos secos intentaba estimular la dignidad, al parecer perdida, del resto de ovejas.

Este discurso, el de Ovis, fue interrumpido con la mayor de las osadías por un borrego grullo, creo que churro, que emergió de la muchedumbre y plantándose altanero ante Ovis hablo de esta forma;

-Querido Ovis, con el mayor de mis respetos debo decirte que parte de nosotros estamos muy cansados de tus monótonos discursitos, siempre dices lo mismo. Estamos todos de acuerdo que cuando tu eras joven, y antes de que apareciera el cíclope, tu y toda tu estirpe vivíais una vida plena de bienaventuranzas. Pastabais libres, amabais libres no servíais a nadie salvo a vuestros mas altos y bajos instintos naturales, lo cual debió ser muy atractivo para unas simples ovejas como nosotros, pero he de decirte que...

En esto que la replica de Ariel (el borrego grullo) fue atajada por Binkel otro borrego de, aproximadamente, la misma edad que Ariel pero mas pequeño de tamaño y bastante más blanco que éste, quien con la fina pero chillona voz que proporciona la pubertad añadió:

-Nosotros, viejo Ovis te veneramos, pero de tu generación casi no queda nadie. Nunca los mas jóvenes conocimos esa utópica libertad que tu nos proclamas y para ser sincero pienso, y creo que la mayoría pensarán como yo, que tal vez esas historias míticas de lobos y zorros que entre nosotros circulan y que tú y los de tu edad nos relatáis, sean ciertas. Por tanto. como otra cosa no conocemos y lo que tenemos entraña el mínimo riesgo posible para nuestras míseras existencias, debemos estar agradecidos al cíclope porque el nos sustenta, nos da morada y nos protege de las alimañas que a sus anchas y con todo desprecio por las leyes naturales, campan extramuros.

-Acuérdate joven Binkel de lo que le ha sucedido a Triba esta mañana, atacó otro borrego viejo al que todos llamaban Estulz, como bien ha comenzado diciendo Ovis fue brutalmente violada por el cíclope. Mañana te puede suceder esto mismo a ti, Binkel, por muy macho que la naturaleza te haya creado, además te recuerdo (se pone a llorar Estulz,) que Triba es mi amada hija.... y tu prometida!

Tras un largo silencio Binkel se mimetiza con el rebaño terriblemente avergonzado y Ariel toma de nuevo la palabra y dice:

-Ciertamente son lamentables todos los sucesos que hoy nos han ocurrido, producto de una mente enfermiza y poco cultivada, pero hemos también de reconocer (sin conocer personalmente la libertad de la que gozaron nuestros antepasados) que Ovis posee gran parte de razón, pero sí todo esto es cierto ¿qué podemos nosotros, débil rebaño, hacer contra nuestro captor?.

-¡Luchad!, se gritó desde el fondo, al menos deberíais tener la suficiente dignidad para poder buscar vuestro futuro y el de vuestros hijos mas allá de los límites establecidos por el gigante para el que pastamos. Por lo menos, los más dotados físicamente, evidentemente los mas jóvenes no tullidos o tarados, deberíais intentar escapar y hacer realidad los recuerdos ya en blanco y negro de nosotros los mas chochos. Joder...