ATENEA
Atenea, entre las diosas la mas bella,
que el entendimiento nublaste en su mente
madre de héroes inmortales,
fruta prieta del manzano.
De tus fuentes vive el mortal
que al enemigo entendió como oveja
por cordura y sensatez le ungiste
evitando así la condena.
Más tu amor furibundo
hayó en este servil esclavo
la fría hoja de su acero,
que por neció atravesó,
su pusilánime corazón.
Conviene contar y cuento
que de tal unión quedó
vinculada al amor eterno
otro guerrero postrero
que al tiempo domeño
para hacerlo su heredero.
En la playa ensartado... es muerto
este desdichado orate,
que por iracundo pereció,
preso de su gran dislate.
Pero el próximo quedó, aprendiendo la aventura,
para jamás volver a cometer la gran locura,
de confundir las aventuras con ovejas,
del redil ideado por una patraña.
Y por ello guardo su espada,
colgada del tiro de mi hogar,
para jamás olvidar las hazañas,
de Ayax y la veleidad.
©José Manuel Cuesta